domingo, noviembre 19, 2006

Obregón mandó matar a Villa por presiones de Washington, dice Katz

Fue un grave error "menospreciar" al fundador del Estado mexicano, considera

A diferencia de Mao y Lenin, el líder revolucionario y Zapata no fueron intelectuales

ARTURO GARCIA HERNANDEZ

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El ataque a Ciudad Juárez fue tramado por Orozco y Villa cuando aún peleaban en el mismo bando. El combate con los federales llegó a darse casa por casa. En la fotografía (de Robert Dorman, captada el 9 de mayo) unos revolucionarios disparan, mientras otros esperan turno Foto:

Con la biografía de Pancho Villa escrita por el historiador austriaco Friedrich Katz, publicada por Ediciones Era hace ocho años, empezó una lenta pero continua revisión de la vida del Centauro del Norte y de sus contribuciones a la Revolución Mexicana.

Era justo y necesario. La sombra inmensa proyectada por sus múltiples leyendas negras ­asesino, bandolero, violador, irascible, atrabiliario y indisciplinado­ opacó durante décadas al dirigente político, al genio militar, al líder social.

Su mala fama, predominante por más de siete décadas desde su asesinato en 1923, fue acotada por la investigación de Katz, la más exhaustiva y meticulosa ­coinciden los especialistas­ que hasta entonces se había realizado sobre el controvertido revolucionario.

Para escribir Pancho Villa, Katz rastreó en fuentes de primera mano que no habían sido consultadas y con ello renovó la idea que se tenía del revolucionario y del villismo. Fueron 10 años de trabajo que sirvieron al investigador para detectar que, ciertas o falsas, magnificadas o distorsionadas, dichas leyendas habían opacado al líder y a su movimiento, "la única Revolución que se ha desarrollado en la frontera con Estados Unidos".

"Villa ­dijo Katz en su momento­ fue una de las mayores fuerzas de la Revolución Mexicana, y junto con Zapata, dos de los más grandes revolucionarios del siglo XX" (La Jornada, 15/04/97).

Doroteo Arango ­presunto nombre real de Villa­ realizó hazañas irrepetibles: "En Estados Unidos logró el apoyo de conservadores e izquierdistas, incluido el presidente Wilson. Los conservadores lo apoyaban en la lógica de que si México era un país de bandidos, era mejor que fuera gobernado por un bandido. El presidente Wilson vio en él al ideal: un revolucionario que no tocara las propiedades estadunidenses. Para Mother Jones o John Reed, en la izquierda, encarnaba al reformador social''.

A diferencia de Mao y Lenin ­comparó Katz­, Villa y Zapata "no fueron intelectuales ni miembros de la clase dirigente o de la burguesía, sino líderes populares". Otra diferencia entre unos y otros es que mientras a la ciudad de Leningrado la rebautizaron devolviéndole su nombre original (San Petersburgo) y a Mao lo cuestionaron en la Plaza de Tiananmen, Villa y Zapata "no han sido cuestionados por las nuevas generaciones. Por el contrario, han son reivindicados''.

Friedrich Katz también aportó elementos sobre la relación de Villa y Alvaro Obregón, otra figura prominente de la Revolución. Uno, el prócer legendario, el héroe popular; otro, el estadista visionario, pragmático, fundador del Estado mexicano moderno.

Primero aliados y después enemigos ¿qué los identificó y qué los separó? "Los dos grandes jefes militares del movimiento eran (Katz: La Jornada, 09/07/03) lo que en inglés se dice self-made man: se hicieron a sí mismos. Vinieron desde abajo, aunque el 'abajo' de Villa era mucho mayor que el de Obregón. También se parecían en su talento militar y en que entendieron la necesidad de movilizar a las clases populares".

Francisco Villa "cometió el gran error de menospreciar a Obregón, a quien llamaba el perfumado, lo que significa que no lo tomaba en serio, no creía que fuera un general de primera. Esa fue una de las causas de su derrota. Villa era muy buen militar, pero no era un estratega. Subestimó a Obregón en la batalla de Celaya".

El biógrafo asegura que Obregón mandó matar al Centauro del Norte por presiones de Washington; dice tener evidencias de los archivos Calles-Torreblanca del gobierno estadunidense.

La evidencia de la mano estadunidense en el asesinato la vio Katz en una carta de Plutarco Elías Calles, en la cual comenta que la última condición de Estados Unidos para reconocer al gobierno revolucionario se había cumplido.

(enlace a nota completa)

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